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12 feb. 2019

Embajadores en el infierno (José María Forqué, 1956)



Drama - 95 min - Castellano - WebDl

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Guión: Torcuato Luca de Tena (Novela: Teodoro Palacios Cueto/Torcuato Luca de Tena)

Reparto: Antonio Vilar,  Rubén Rojo,  Luis Peña,  Mario Berriatúa,  Manuel Dicenta, Miguel Ángel,  Mario Morales

Un grupo de españoles voluntarios de la División Azul caen prisioneros cuando combaten en la Unión Soviética. Durante diez años, los que logran sobrevivir, son trasladados de un campo de trabajo a otro.



EMBAJADORES EN EL INFIERNO: UNA GUERRA EXTERNA, UNA GUERRA INTERNA 

SERGI ALEGRE (Universitat de Barcelona)


Aunque no es el primero, Embajadores en el infierno, es el film fundamental de la trilogía cinematográfica dedicada al mundo de la División Azul que a mi entender forma parte junto a: La patrulla (Pedro Lazaga, 1954) y La espera (Vicente Lluch, 1956); aunque el número de películas en las que se hace referencia a esta unidad sea mayor teniendo que citar aquí: La condesa María (Gonzalo Delgrás, 1942), Carta a una mujer (Miguel Iglesias, 1961), De camisa vieja a chaqueta nueva (Rafael Gil, 1981) y Dulces horas (Carlos Saura, 1982).
La principal, en tanto que, es la única dedicada exclusivamente a los hombres de la División, ya que La patrulla explica perfectamente las motivaciones que impulsaron a muchos de aquellos hombres a participar en la lucha contra al comunismo al mostrarnos el marco político, social e incluso psicológico que había en buena parte de España en aquellos momentos. Por su parte, La espera se centra en las vicisitudes de los familiares de los divisionarios durante su participación en el conflicto y el largo cautiverio que sufrieron los aproximadamente 300 prisioneros.
La trama de Embajadores en el infierno  se basó en la novela homónima de Teodoro Palacios Cueto (en aquella época capitán del ejército) y Torcuato Luca de Tena en la que se relata el cautiverio de once años sufrido por los soldados españoles que cayeron en manos de los soviéticos y su posterior repatriación. Serán pues, las experiencias del capitán Palacios, el hilo conductor durante los 103 minutos de narración cinematográfica, convirtiéndose por tanto en la figura central, de tal manera que dejará de ser el eje central sólo en un episodio.
A pesar de haber sido dirigida por el director novel, en aquellos tiempos, José María Forqué, que recibió el encargo como un "regalo caído del cielo", según sus propias palabras, la auténtica potestad de Embajadores en el infierno se debe adjudicar a Torcuato Luca de Tena que como he comentado anteriormente fue co-autor de la novela y además tuvo la idea de plasmarla en imágenes, escribió el guión y finalmente fue socio importante en la productora que se creó para sufragar el coste de la filmación en el que también participó activamente. 


El rodaje del film se inició en el otoño de 1955 quedando lista para su montaje en abril del siguiente año. Durante todo ese tiempo el tándem Luca de Tena-Forqué sufrió la persecución, a veces incluso física, de los ex-divisionarios de pensamiento falangista en absoluto conformes con la imagen que ofrecía la película de los soldados y más concretamente de sus relaciones con el capitán Palacios y de sus reacciones frente a la presión de sus guardianes rusos. Por el contrario tuvo todo el apoyo logístico del ejército, que llegó incluso a proporcionar camiones soviéticos requisados durante la Guerra Civil, algo comprensible si pensamos en el contenido de la película y teniendo en cuenta que el Ministro del Ejército en aquel momento era el General Agustín Muñoz Grandes, jefe primero de la División Azul.
Uno de los objetivos primordiales, totalmente alcanzado por una parte, del equipo de filmación fue conseguir el mayor grado de autenticidad. Por lo que no se escatimaron esfuerzos ni humanos (un asesor militar y un asesor de excepción, el antiguo sargento divisionario Angel Salamanca, para la reconstrucción de ambientes y decorados) ni materiales (un ejemplo es que el campo de prisioneros en donde transcurre la historia que aparece el 90% del metraje, fue reconstruido tres veces en su totalidad), incluso antes de iniciar el rodaje de las escenas invernales cayó una tormenta de grandes proporciones que, aunque ocasionara algunos problemas técnicos, permitió rodar unas imágenes nevadas de gran belleza y autenticidad, más propias de la misma Rusia que de España. Este afán por el realismo explica también la hábil intercalación de imágenes del NO-DO en la última secuencia del film con la llegada de los prisioneros a Barcelona en el barco de la Cruz Roja Semíramis.
El estreno, el 17 de septiembre de 1956 en el Palacio de la Música de Madrid, vino precedido de una gran campaña publicitaria en todos los medios de comunicación y tuvo, como es obvio imaginar, un gran éxito de crítica con la excepción, eso sí, de las rotativas más cercanas al pensamiento falangista, Arriba y Solidaridad Nacional y el semanario cinematográfico Primer plano, que aunque admitieran la calidad del film argumentaban que presentaba una imagen velada de la División al omitir casi cualquier referencia a su contenido e ideario político que según su punto de vista eran la nota característica y diferenciadora de la unidad. Así mismo obtuvo algunos premios nacionales e internacionales.
Es de suponer que mucho mayor hubiera sido esta crítica, a la que quizá se hubieran sumado muchas otras, si Embajadores en el infierno hubiera sido exhibida tal y como salió por primera vez de la mesa de montaje. Efectivamente, y aquí ya entramos en el análisis y narración de los hechos y circunstancias no estrictamente cinematográficas que rodearon este largometraje y que le confieren su singularidad y atractivo, tanto las únicas imágenes en las que se muestra claramente el talante falangista de la unidad (unos soldados entregando el emblema del partido, el yugo y las flechas, al capitán Palacios) como las secuencias con voz en off (al principio del film afirmando que la lucha de la División era una continuación de la Guerra Civil y al acabar la II Guerra Mundial en la que se declara que en todo el mundo ya reinaba la libertad salvo en Rusia) fueron impuestas por el triunvirato que formaban Muñoz Grandes -Ministro del Ejército-, Arres -Ministro del Movimiento- y Arias -Ministro de Información y Turismo-, tras visionar la película en una sesión privada. Los tres, falangistas o con marcadas simpatías hacia el Movimiento, prohibieron su exhibición sino se añadían estas escenas ya que la consideraron lesiva para los intereses de la Falange, de hecho era lógica esta reacción ya que la película era una exaltación del espíritu militar tradicional  no de un pensamiento político.
Esto se conseguirá en gran manera a través de la incorporación de escenas y situaciones que no aparecen en el libro e, incluso con la alteración de algunas, lo que hacía y hace más evidente el fin político que se perseguía. La más obvia y políticamente más significativa, es la que se produce en la respuesta que el capitán Palacios dará en el primer interrogatorio público a el que fueron sometidos los prisioneros y que paso a reproducir a continuación: 

"- ¿Religión?
- Católica, apostólica y romana.
- ¿Partido político?
- Anticomunista (en la novela afirma pertenecer a Falange Española Tradicionalista)
- ¿A qué ha venido a Rusia?
- A luchar contra el comunismo."



El resto de variaciones están encaminadas también a presentarnos a los componentes de la División como soldados o militares sin ninguna relación con el pensamiento y la simbología falangista:
- Los soldados sólo reaccionaban positivamente cuando un oficial los guiaba.
- Durante toda la película ningún soldado u oficial lleva el emblema o distintivo falangista, mientras que en la novela hay abundantes referencias a este particular.
Vemos por tanto como este largometraje, tanto en su contenido como en su concepción, es un fiel reflejo de la lucha que a todos los niveles, y ya desde el mismo inicio de la Guerra Civil, establecieron dentro del régimen los elementos falangista y militares, estando estos últimos aliados en la mayoría de veces con los círculos monárquicos. De hecho considero que no es puramente un reflejo de esta lucha interna que tuvo como perdedor al movimiento faccioso sino que fue de hecho un elemento de esta lucha ya que no hay que olvidar el papel propagandístico que jugó al ser uno de los pocos films que abordaron, aunque de forma indirecta, las relaciones Ejército versus Falange y porque además fue como se preveía desde el inicio de su concepción, un gran éxito de público.
Pero no es únicamente interesante el estudio de Embajadores en el infierno por ser un reflejo de la política interna sino también por ser un claro exponente del giro que en política exterior había dado España desde las posturas sostenidas durante los primeros años del régimen hasta las adoptadas durante los primeros años de la década de los cincuenta. En efecto, como la mayoría ya sabrá, el régimen franquista pasó de ser un firme sostén del eje tripartito formado por Alemania, Italia y Japón a apoyar la causa de la lucha contra el comunismo defendida fundamentalmente por las democracias europeas y especialmente por los Estados Unidos a los que anteriormente había despreciado. En este contexto es donde hay que enmarcar el eslogan franquista de que España tenía razón. Efectivamente, según los defensores del régimen no había sido este el que había practicado un giro en sus posturas sino que habían sido los aliados los que se habían apercibido de que el auténtico enemigo del mundo occidental era la URSS, siendo esta la razón por la que la España franquista había enviado una unidad a combatir al Ejército Rojo, la División Azul, pero no a las fuerzas aliadas.
Por este motivo, recordarle al pueblo español que nosotros fuimos los primeros y que por lo tanto nuestra alianza con el bloque occidental era del todo natural, que tras años de silencio, que por ser espaciado y absoluto podríamos calificar de administrativo, sobre el tema de la División, tanto a nivel literario como por supuesto cinematográfico, a partir de 1953, sintomáticamente el año que se firmó el Tratado de Amistad Hispano-Norteamericano, asistimos a una auténtica avalancha de libros y a la aparición, en tres años, de los únicos films sobre esta unidad.
Esta circunstancia es la que explica, algunos aspectos de esta película:
a) las continuas afirmaciones del protagonista principal de que ya había luchado antes dos veces contra el comunismo (la Guerra Civil y la II Guerra Mundial) y en caso necesario lo haría una tercera, contrastan con el texto del trabajo literario en el que sólo aparece una vez y no de forma destacada (esta reiteración en afirmar su disposición a una nueva batalla contra el comunismo se ha de entender evidentemente como una señal de complicidad hacia los países occidentales, pues si no hubiera estado al lado de éstos en la hipotética batalla armada entre el Este y el Oeste, ¿cómo iba a luchar España por tercera vez contra el comunismo?) 
b) las malas reacciones que se manifiestan entre los militares de carrera españoles y los alemanes, por la extrema animosidad y comportamiento quebradizo de estos últimos, en un claro intento de hacer ver que no había relación entre estos dos grupos de hombres más allá de la lucha contra el comunismo.
Añadir que parece evidente que si finalmente se autorizó la exhibición de la película mostrando a la División Azul como una unidad del Ejército fue, además de por el declinar de la fuerza de la Falange dentro del aparato estatal, porque interesaba enormemente hacer creer que detrás de su envío estaba el régimen, mientras que en realidad durante toda su formación, estancia en el frente y posterior repatriación el gobierno -y ésto se puede apreciar en los noticiarios cinematográficos, por ejemplo- puso énfasis en que aquella aventura era la acción de un partido y no del Estado, evidentemente para evitar las posibles consecuencias de esta acción en caso de que Alemania perdiera la guerra. 


Vemos, pues, que Embajadores en el infierno se constituye mediante la metodología apropiada en un documento histórico perfectamente útil para investigar y conocer el momento político, interno y externo de España, en un período clave de su Historia Contemporánea.





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